En primera instancia, la expresión «ausencia paterna» no ha sido bien definida y la literatura no discrimina entre ausencia paterna debida a muerte, relación parental conflictiva u otras causas. La maternidad es una de las materias de estudio preferidas en la literatura psicológica y psicoanalítica, al discutir la ontogénesis de la mente humana; por otro lado, la paternidad ha ganado su lugar con mayor dificultad desde hace poco tiempo. En ese contexto, se ha presentado al padre como una figura secundaria en términos de la expresión emocional hacia los hijos y la participación en el cuidado diario; se enfatizan sus roles de proveedor económico y castigador que reestablece el orden en la familia.

Aunque la presencia paterna influye en aspectos esenciales para el bienestar mental de los individuos, son escasas las publicaciones que aluden a las implicaciones que la ausencia paterna durante la niñez tiene en la vida adulta y el aporte potencial frente al desarrollo de alguna psicopatología. Se debe tener en cuenta que las consecuencias de pertenecer a una familia en la que el progenitor masculino se halla ausente son considerables. Las contribuciones del padre al desarrollo de los niños y las niñas van más allá del aporte económico al hogar; según Bradley y Corwyn (2004), los padres proveen protección, seguridad, soporte emocional al hogar y estimulación cognitiva; de igual manera, confieren mayor satisfacción de las necesidades psicológicas y el sentimiento de bienestar emocional. La presencia del padre en el hogar puede crear un contexto interpersonal de confianza y de amor que contribuye al desarrollo adecuado emocional del ser humano y a su posterior ajuste psicológico

El rol paterno tiene efectos positivos en el desarrollo emocional del niño o la niña a temprana edad y en la salud mental de la madre; además, la relación con el padre puede ofrecer una fuente de seguridad emocional cuyos efectos positivos perduran en la vida adulta del individuo. Desde la mirada psicoanalítica, el rol protector del padre inicia durante el embarazo y en las primeras etapas del desarrollo del bebé. Al inicio, sus funciones tienen que ver con la vigilancia protectora, el sostén, la contención, la defensa y la provisión; en estas, el padre provee un ambiente apropiado de cuidado que permite el desarrollo natural de la relación entre la madre y el bebé. Para Freud, en un inicio, el padre está asociado a la idea de pérdida (de la madre o de la omnipotencia) y a la idea de sumisión; después, esto representa un determinante de la imposibilidad de acceso al objeto materno. A partir de esto, el padre representa un estímulo para que el niño o la niña busque qué hacer con esa imposibilidad y determine la estructuración de la ley interna, la formación del ideal del yo y la organización de mecanismos mentales más elevados como la sublimación.

Fuente: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1692-715X2021000200121#:~:text=Seg%C3%BAn%20los%20hallazgos%2C%20la%20ausencia,su%20comprensi%C3%B3n%20y%20abordaje%20terap%C3%A9utico.

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